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jueves, 9 de diciembre de 2021

Policial metafísico

 El asesino Perpetuo 

 Eran las 4:10 am, dormí vestido en el sillón de la sala, con el televisor aun encendido en el canal 1.989, recuerdo que intente quedarme despierto el día anterior hasta las doce de la noche, para hacer más sencillo a mis familiares y amigos el poder saludarme por mi cumpleaños. Treinta y ocho años, de los que casi la mitad los dediqué a la fuerza policiaca, me ascendieron hace poco a detective lo que hacía ahora más difícil poder encontrarme. Me despertó la vibración de mi celular en alguna parte entre mi cuello y mi espalda. Me llamaron de la jefatura en carácter de urgente, para comunicarme que una importante figura pública acababa de entregarse, declarando que desde hace un tiempo estaba planificando un asesinato. Nadie en toda la jefatura lo podía creer, era tal su influencia cultural e intelectual que esa declaración no encajaba con él. 

 Mi hijo mayor leyó la mayoría de sus libros, para su carrera universitaria y por el amor a la buena lectura. No conozco mucho de que tratan, pero soy consciente de su trascendencia y de la gravedad que este caso puede traer en el ámbito cultural. Pude llegar a la oficina, con mucha suerte, a las nueve y cuarto, el tráfico muy pocas veces acompaña mi tiempo, al llegar note que todavía seguía descompuesto el aire acondicionado, pero de nuevo con mucha suerte, el tiempo estaba por así decirlo perfecto, cálido y fresco al mismo tiempo, ¿Suerte de cumpleañero tal vez? Tenía planificado el horario de interrogación al, por falta de palabras más exactas, sospechoso, a las diez y diez. No voy a centrarme en la parte formal del interrogatorio, sino en digamos sus momentos más trascendentes de los que entendí, cambie, transforme y reformule mi visión. —Ya establecidos los parámetros legales del interrogatorio, ¿Puede reafirmar la veracidad de su declaración?—dije tratando de parecer lo más intelectual posible. —Pero claro que sí, he intentado buscar la manera, la forma de darle muerte a él, antes de que continúe matándome a mí—su postura, hasta ahora calmada y tranquila, comenzó a cambiar, parecía temeroso y paranoico, y fue ahí donde comenzó el final. — ¿Cómo? ¿A qué se refiere con “matándome a mi”? —en un momento llegué a pensar que se podría re caratular como legítima defensa. —He buscado inútilmente, escapar de él, perderlo, esconderme, olvidarlo, pero no lo he conseguido, siempre me persigue, me acecha, se alimenta de mí, aparenta ser un compañero, un amigo con el que se pueden compartir experiencias de todo tipo, ¡Pero no! Es un engaño, me ha engañado por mucho, a mí y a todos, pero ya no más— — ¿Podría darnos un nombre? ¿Alguna pista? ¿Algún indicio? —trataba de seguir con mi rol de detective inquisidor, me resultaba cada vez más difícil con personas tan confusamente brillantes en su forma de hablar. —Tuvo, tiene y tendrá muchos nombres, por esa y por otras razones jamás lo encontraran, está en todas partes, invisible compañero del cual se conoce pero no se sabe. Estuvo con usted desde siempre y hasta que usted ya deje de ser. Está con nosotros ahora acompañándonos mientras somos, hasta que dejemos de ser. Nos dicen una vez por año que tenemos más de él, que debemos regocijarnos de ello, ¿Nadie pensó que es totalmente lo contrario? ¿Nadie pensó que cada año tenemos menos de él? —una vena azulada crecía en su frente y con ella al igual que un rio se formaban afluentes más pequeñas a su alrededor. —No comprendo de lo que habla, bueno en realidad si y temo, me disculpara la franqueza, que signifique su descenso a la locura—mi suerte de cumpleaños se terminó, pensé en retirarme de inmediato y derivarlo a casos psicológicos, aunque no sé porque, nació en mí una curiosidad, quería terminar de entenderlo, no a él, sino a su supuesto asesino. —La locura como lo llama usted, es una de las formas en las que realmente vemos, muchas veces sin ver. 

 El asesino del que le hablo sólo podríamos verlo, sin verlo. Me está matando ahora mismo a mí, a usted, a todos y a todo, en un momento creí que el olvido era la mejor arma contra él, y en la mayoría de los casos funciona, pero no en mi caso, que veo sin ver. Permítame usted mostrarle, otra forma de matarlo, sea testigo de una forma de su muerte—mientras terminaba esta oración cerro los ojos y hubo unos segundos de silencio. De pronto el caos, todo fue muy rápido, se quitó sus anteojos, los golpeo contra la mesa y de varios vidrios rotos tomó el más grande, se lo llevo a la garganta y sonriendo mutiló su propio cuello. Apenas había logrado ponerme de pie cuando comenzó a fluir la sangre a chorros incontrolables, grité pidiendo auxilio aunque ya era tarde, ya había fallecido, sonriendo, dejando de Ser. Y esa fue la historia de mi cumpleaños treinta y ocho, día en que cambié, día en que entendí que no tenía treinta y ocho años más de vida, tenía treinta y ocho años menos, y al igual que todos, estamos condenados a ser víctimas de un asesino silencioso, un asesino perpetuo que se alimenta de nosotros, que es mientras nosotros seamos, ¿Será esa tal vez la respuesta? ¿Dejaría de ser sin nosotros? O tal vez lo que creemos que es, solo es una creación nuestra, lo que nuestras pobres mentes pueden entender de él ¿Estamos atados para siempre a esta duda? —Me estoy volviendo loco—necesito olvidar, eso que nos salva a todos de lo que no podemos entender, si, esa es la respuesta, la única en nuestras pobres posibilidades, toda la angustia terminará ¡gracias al olvido!

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