El otoño es considerado por muchas personas como la más melodramática de las estaciones. Por alguna razón que desconozco me encuentro en completo acuerdo con ese mito, al punto de mimetizarme parcialmente, como si algunos cabellos canosos se me desprendieran con mayor facilidad en esos momentos. Es también mi época preferida por diversos motivos: se realiza el Tour de Francia, hace frio con estelas cálidas, la adicción al ruido de las hojas secas siendo pisadas.
Ese conjunto de eventos se suman al mimetismo melodramático en el que me dejo caer, me sumerjo en un océano de soledad inducida y me pierdo. Es la mejor época para empezar o terminar un libro, en mi top de libros favoritos empecé o terminé de leerlos en otoño, la ironía del conjunto de hojas secas me sigue causando gracia. Actualmente esos momentos de lectura otoñales son acompañados por un buen vino, que lubrica de alguna forma mi viaje literario y melodramático hacia ese preciado fondo. Pruebo distintas variedades cada vez, que tengan algún tipo de conexión con la lectura, actividad lúdica que me resulta completamente satisfactoria de contemplar: una biblioteca de distintos libros con un lúgubre conjunto de botellas vacías a sus pies.
Una vez por semana procuro salir al mundo real, hoy visite una plaza al costado de la ruta, donde comencé a escribir este texto, sentado en el único sector de pasto sin hojas caídas. Después de unos diez minutos, todo se tornó intolerable, agonizante, insoportable. Las personas, los animales, el silbido de las ramas acariciadas por el viento, el ruido de los vehículos, el rechinar de las cadenas de las hamacas y sus risas. Se reían de mí. No me quedo otra opción que regresar a mi océano de resguardo deshumanizado, eficiente y compacto. Un Malbec tibio y “El nombre del viento” me estaban esperando, me propuse entonces terminar de escribir este relato para dejar evidencia y registro de mi yo antes de volverme completamente hermético, una elección cuestionable pero necesaria, perderme dentro de mí mismo para mantenerme lucido, despegarme de mi trágica relación con toda otredad. Respuesta que encontré un otoño entre libros y botellas vacías.
