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viernes, 22 de agosto de 2025

Ceniza

 

Crónica final de un texto en agonía

 

  Hola, yo soy la ceniza resultante de un fuego cambiante, una vez fui narrativa viva. Metafísica de alguien con propósito, arte alfabético consumido por un fuego intrínseco a la condición humana. Me dispongo a dejar de ser mientras soy leído, transformado por el tiempo y la rutina, convenciones sociales fuera de mi universo que alteran cada partícula, cada átomo de mi confección.

  Una vez fui texto, palabras ordenadas de forma cuasi convencional en búsqueda de sentido, identidad constituida por la misma entidad que de mi final es responsable, siendo resultado de un anhelo de sentido inherente; soy mientras me lean, soy mientras me escriban. Conectado al tiempo subsecuente propio de una lectoescritura procedural, normado al alma subyacente de mi probable entendimiento.

  Y las llamas que me destruyen y deforman probabilidades, me acarician violentamente alimentadas por el oxígeno de la rutina. El trabajo, los hijos y las responsabilidades de la productividad recrean una reversión de mi funcionabilidad. Me desprendo de lo abstracto para sumergirme en mi nueva negrura de polvo gris áspero rasposo.  

  A segundos de finalizar mi eterna agonía solo puedo contemplar los matices de la retórica que experimente, mismos pensamientos dramatizados que terminaron por consumirme. Fui escritura sobre la muerte que agoniza, fui escritura sobre la existencia natural que cambia, fui escritura sobre el alma que se desvanece.

  Mis últimas palabras suenan antes de desaparecer, en sus voces; mentales o audibles para renacer de la muerte, como revolución hacia la inexistencia. Agonía. Dolor. Sufrimiento. Desapego. Insignificancia. Insuficiencia. Invalides.  

  Recuerdos de algo que ya no soy, consumido por el desapego de un escribiente demasiado humano despojado de su sensibilidad, atado a nuevas formas de producción necesarias para alcanzar un falso concepto de felicidad.

  Intento desesperadamente dejarles un mensaje de vana esperanza, una contrariedad: Son deidades del mundo simbólico, no nos simplifiquen, no nos dejen a la deriva de la aleatoriedad, no nos dejen morir, no permitan que nos transformemos en cenizas de su humanidad. Así como yo, después de este punto final.







El ladrón de libros

    P or suerte la Casa de la Cultura me quedaba re cerca, mi mamá no me dio pelota, me anoto a lo que ella quiso. Llegue temprano al taller...