Vistas de página en total

jueves, 14 de mayo de 2026

El ladrón de libros

   Por suerte la Casa de la Cultura me quedaba re cerca, mi mamá no me dio pelota, me anoto a lo que ella quiso. Llegue temprano al taller de los lunes, no había mucha gente. Tenía que hacer pis, pregunte en la entrada y me indicaron donde estaba el baño. Justo de camino me encontré una puerta entreabierta, me frene de golpe y vi muchos, muchísimos libros, un chico bajito de rulos abultados leía sentado.   

  Nunca fui de leer ni mucho menos, en mi casa teníamos un par de biblias, libros de recetas y manuales de escuela. Preferí siempre jugar con cosas reales, figuritas o juguetes si estaba solo, tengo un montón de autitos.

—Hola ¿Querés pasar? —Me pregunto el chico de rulos, al notar que estuve parado mirando como por tres minutos sin moverme.

No dije nada, pasé hipnotizado por la cantidad de eso que no conocía, que no tenía.

—… Si sos estudiante de algún taller, —Repitió el chico de rulos —podes llevarte dos libros y traerlos cuando termines de leerlos. 

Traerlos de vuelta, pero son muy lindos, muy sólidos. Alguna razón —que todavía no entiendo, o no conozco— tiene que haber para que la gente inteligente tenga tantos libros ¿No?

  El chico de rulos volvió a su lectura, con cara de pocos amigos, la misma que ponen mis compañeros cuando encuentran un lápiz suyo, un sacapuntas o uno de sus muñequitos en mi mochila. Me quedé observando las repisas minuciosamente y empezando a calcular. Ya tenía elegidos cinco libros,  uno por su tamaño, dos por sus dibujos, otro por lo nuevo que se veía y, el último, por lo viejo. Fui sacando y poniendo, moviendo y desordenando, el truco estaba en el caos.

  Me di la vuelta y salí, caminando de forma torpe, llevaba libros entre la remera y el pantalón y el más chiquito en el calzón.

—Tengo que ir al baño —Mentí.

Con el fabuloso botín me fui a mi casa, le dije a mi mamá que la clase se había suspendido, me encerré en mi habitación y contemplé mis nuevos libros. No sabía si iba a leerlos, nunca fui de leer mucho, pero ahora eran míos. Míos. 

  Varias veces fui a esa biblioteca, más de una vez repetí la misma rutina. Ese año pase de tener cero a veinticuatro libros. Empecé a leerlos, encontré que al final, me resultaron interesantes. Fue en ese momento donde mi ambición, en conjunto con mi edad, creció. Visité bibliotecas más grandes, mucho más amplias, con mejores catálogos y mucho más vigiladas. Al terminar la secundaria en mi posesión contaba con la cantidad desorbitante de cuatrocientos quince libros. Ni a mi mamá, ni a mis hermanos les pareció raro eso, solamente pasaba, se camuflaba en la rutina escolar y familiar de siempre. Comencé a ser más selectivo con los libros, un hambre voraz por los ensayos surgió.   

  De adulto, viviendo solo en un departamento alquilado, repleto de libros y vicios varios, encontré en ellos mi razón de ser, eso que de niño no entendía.

 

Radio 10 informa, tras el misterioso fallecimiento del crítico literario argentino más famoso y galardonado de la historia de nuestro país, la rueda de prensa de la comisaria 96 encargada de la investigación, ha dado a conocer parte del peritaje realizado en el último domicilio conocido del occiso en la provincia de Buenos Aires:

—…Continuando con la declaración, encontramos en el departamento mencionado, deshabitado por lo menos hace algunos años, doce mil quinientos ochenta y tres libros. Todos catalogados por diferentes bibliotecas y dados por extraviados/sustraídos. No sabemos todavía el carácter de esta nueva evidencia pero no me extrañaría que existiese un tipo de justicia divina del arte, si es que eso existe… no más preguntas.

El ladrón de libros

    P or suerte la Casa de la Cultura me quedaba re cerca, mi mamá no me dio pelota, me anoto a lo que ella quiso. Llegue temprano al taller...