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viernes, 16 de enero de 2026

Arterapia Integral

  Libro de Rocío A. Maggione despegado del formato literario del cual acostumbramos a hablar, pero completamente conectado con una retórica posible desde las preguntas básicas que planteamos como idiosincrasia fundamental en nuestro taller literario.

¿Por qué escribimos? ¿Qué escribimos? ¿Por qué leemos? ¿Cómo leemos? ¿Para qué sirve el arte?

  Este libro con tapa ilustrada por su misma autora, explora estas preguntas (y otras más) desde el arte en general, escritura; artes plásticas; artes dramáticas; artes manuales, conviven con un foco hacia nuevas formas de descubrirnos, deconstruirnos y reensamblarnos. Un foco terapéutico con elementos que complementan y brindan herramientas tanto en el hacer artístico como en el hacer humano. Es sorprendente como se trabajan estructuras y recursos que van más allá de una introspección sociocultural, derivando en andamiajes de nuevas perspectivas hacia una vinculación con el mundo, real y metafísico.

  Me gusta dividir el libro en tres partes: En un inicio la autora nos vuelca conocimiento técnico, abordaje científico y filosófico sobre el arte y sus posibilidades, conociendo a autores que se plantearon estas mismas preguntas, con un sutil enmarcado dentro de lo que la autora tomará como relevante para las siguientes partes. En una segunda parte ya con la estructura técnico/académica establecida, se proponen ejercicios prácticos para explorar esas ideas ya planteadas, ejercicios que varían y dejan una libre interpretación de cada practica a sus lectores, esto me pareció fundamental para que el libro tenga una funcionalidad más bien de guía, punto que lo diferencia de libros del estilo con estructura más reglamentada, con leyes y normas absolutistas. La tercera parte del libro ahonda en el marco espirituoso del planteo total, como un sub-núcleo propio de la reciprocidad con las experiencias y lo planteado desde el discurso previo. También rompe con la legitimidad total de la obra y sus lectores, dando (de nuevo) la posibilidad de abordar el conjunto, dentro o fuera de esta intencionalidad.

  Sintetizando, es un libro complejo pero de fácil abordaje, ideal para cualquier persona o institución que busque explorar las aristas del arte como actividad, y todos sus complementos. Vuelvo a hacer hincapié en la división como formato de planteo, muchas obras similares entremezclan intencionalidades o lineamientos, dejándo poco espacio para el debate interno con la misma obra, ese me parece uno de los mejores aciertos del libro. Gracias Rocío por permitirnos utilizarlo como herramienta para nuestras propuestas literarias. 




martes, 13 de enero de 2026

La puerta muerta.

Con veintitantos años y recién graduado Kevin estaría comenzando su carrera laboral con grandes expectativas, excelentes promedios; buena familia; vida social activa; querido por todos con un amplio círculo de amigos,  no había nada fuera de lo convencional o cercano a lo trágico, no debería haber presión alguna sobre su vida. Sin embargo Kevin no era feliz, no sabía explicarlo, ponerlo en palabras o darle sentido dentro de un marco teórico que coincidiera con la lógica y la razón. 

Esperó unos cinco minutos a su pareja Delfina en la entrada del Club Deportivo Tristán Suarez, ella los había anotado a ambos para hacer natación. Después de saludar personas, sonriendo para guardar las apariencias, entró a los baños para prepararse, aprovecho el ruido del agua de la ducha y la intimidad para llorar. Al salir un señor mayor se vestía.

—Buenos días joven, no se ve usted muy bien. —Dijo el anciano sin mirarlo.

—Hola, el agua está un poco fría, tenga cuidado. —Kevin se refregaba de más la cara con su toalla, para disimular sus ojos hinchados.

—Gracias por el aviso, no voy a usarla, me preparo para entrar en la puerta muerta.

Kevin se quedó parado en silencio observando al anciano. Quien sin mirar aún al joven, señalo la última puerta del fondo. Desgastada, sin manija y con mucho oxido, la puerta evidenciaba no haberse usado ni reparado por mucho tiempo.

El anciano se puso de pie y caminó a pasos lentos hacia la desusada puerta.

—Estaba esperando que salgas de la ducha, para que funcione tenés que contarle a alguien más sobre su existencia. No duele. No hay regreso, es como ir a dormir. —El anciano cruzó velozmente perdiéndose en el movimiento. Kevin sin entenderlo del todo se acercó curioso, al abrir la desvencijada puerta, nada, el anciano no estaba. De todas las racionalizaciones, la primera que pasó por la cabeza de Kevin fue la idea de entrar, terminar con su inexplicable sufrimiento y toda su gran mentira, “no duele” quedó como un eco en el húmedo baño del natatorio.

Kevin, acompañado por un lúgubre silencio interrumpido por tímidas gotas rompiéndose en el suelo, volvió a sentarse en los bancos del vestuario. 

Esperando.       

El ladrón de libros

    P or suerte la Casa de la Cultura me quedaba re cerca, mi mamá no me dio pelota, me anoto a lo que ella quiso. Llegue temprano al taller...