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miércoles, 16 de julio de 2025

La música de la lluvia

 

Hace unos veinte años un joven estudiante del Instituto Cultural Tristán Suarez recibía a modo de préstamo una guitarra criolla, un instrumento bastante viejo, con un sonido metálico y enlatado, de muy mal aspecto. A Esteban siempre le había fascinado la música, y fue en su adolescencia cuando, aparte de escuchar la música más variada posible, también se propuso a sí mismo interpretarla. Un amigo suyo fue el hacedor del préstamo, acto cargado de confianza y esperanza plena.

Esteban aprovechó cada momento que tuvo disponible para aprender el arte musical, endureciendo las yemas de sus dedos, incorporando la matemática del tempo, sufriendo con las primeras cejillas del dedo índice de su mano izquierda. Unos meses después, un día de lluvia, Esteban devolvió la guitarra a su amigo con la noticia de tener una propia ya encargada. Su primer guitarra, acústica; azul; liviana como la última nube de una tormenta. Lo cambio todo. Ya de adulto la música y Esteban se convirtieron en parte de lo mismo, muchos instrumentos surgieron después de las guitarras: teclado, bajo, charango, ukelele, incluso Esteban comenzó a cantar. Claramente los sonidos de las cuerdas siempre reclamaron su intervención.

Una imagen, una pintura de sí mismo en esos primeros acordes en donde se veía teniendo su propio estudio de música, una habitación donde sea que viva dedicada pura y exclusivamente a los instrumentos. El departamento en el que Esteban ahora reside tiene dos habitaciones, una se había pensado como estudio musical, pero la realidad y sus menesteres de la vida adulta lo pusieron difícil, entre el trabajo y otras obligaciones, esa meta parecía truncarse. No obstante, se lo podía ver en el pequeño balcón por las tardes, los días de lluvia, con su guitarra acústica azul, acompañando la música de la lluvia con afinados acordes, a la espera de algo.

Ahora sabemos que no se trataba de algo, más bien de alguien. En la habitación extra ahora duerme su hijo, fuera de la ecuación en la adolescencia de Esteban, pero completamente esencial ahora. Los días de lluvia, en el pequeño balcón por las tardes, se los puede ver escuchando juntos, la música de la lluvia. 

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