Hace
unos veinte años un joven estudiante del Instituto Cultural Tristán Suarez
recibía a modo de préstamo una guitarra criolla, un instrumento bastante viejo,
con un sonido metálico y enlatado, de muy mal aspecto. A Esteban siempre le
había fascinado la música, y fue en su adolescencia cuando, aparte de escuchar
la música más variada posible, también se propuso a sí mismo interpretarla. Un
amigo suyo fue el hacedor del préstamo, acto cargado de confianza y esperanza
plena.
Esteban
aprovechó cada momento que tuvo disponible para aprender el arte musical,
endureciendo las yemas de sus dedos, incorporando la matemática del tempo,
sufriendo con las primeras cejillas del dedo índice de su mano izquierda. Unos
meses después, un día de lluvia, Esteban devolvió la guitarra a su amigo con la
noticia de tener una propia ya encargada. Su primer guitarra, acústica; azul;
liviana como la última nube de una tormenta. Lo cambio todo. Ya de adulto la
música y Esteban se convirtieron en parte de lo mismo, muchos instrumentos
surgieron después de las guitarras: teclado, bajo, charango, ukelele, incluso
Esteban comenzó a cantar. Claramente los sonidos de las cuerdas siempre
reclamaron su intervención.
Una
imagen, una pintura de sí mismo en esos primeros acordes en donde se veía
teniendo su propio estudio de música, una habitación donde sea que viva
dedicada pura y exclusivamente a los instrumentos. El departamento en el que
Esteban ahora reside tiene dos habitaciones, una se había pensado como estudio
musical, pero la realidad y sus menesteres de la vida adulta lo pusieron
difícil, entre el trabajo y otras obligaciones, esa meta parecía truncarse. No
obstante, se lo podía ver en el pequeño balcón por las tardes, los días de
lluvia, con su guitarra acústica azul, acompañando la música de la lluvia con
afinados acordes, a la espera de algo.
Ahora
sabemos que no se trataba de algo, más bien de alguien. En la habitación extra
ahora duerme su hijo, fuera de la ecuación en la adolescencia de Esteban, pero
completamente esencial ahora. Los días de lluvia, en el pequeño balcón por las
tardes, se los puede ver escuchando juntos, la música de la lluvia.
No hay comentarios:
Publicar un comentario