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sábado, 14 de enero de 2023

Curiosidad omniversal trágica

Seguro llego, uso la bici para todo, fui a lugares que nunca pensé en ir, por la distancia o por la zona, todo ese entrenamiento tiene que servir para algo. Con una bici de ruta, aun con mi delantal de maestro, incómodo para pedalear. Por suerte para mí, las calles de El Trébol son cómodas y relativamente vacías. En quince minutos tengo que estar ahí.

Llegué, bastante sudado pero lo puedo disimular con desodorante. Mientras encadeno mi bicicleta a un poste, noto que la rueda de adelante, perdía aire, bastante. Por suerte tengo una cámara de repuesto, muy útil en las bicis de ruta, solamente tengo que cambiarlas. La eficiencia esta vez estuvo de mi lado, aunque tuve inconvenientes, como perder la tuerca de la cámara en un hormiguero, al que tuve que rosear con el desodorante para desarmarlo, y después tener que matar varias hormigas que se me subieron al brazo izquierdo.

Sacudía el polvo de mi morral cuando vi tirado dentro de un cesto de basura una tostadora, y si creen que fue la tostadora la que llamo mi atención, déjenme decirles que no fue así. Varios tubos vidriosos y de colores salían de uno de los lados, acompañaban circuitos expuestos y complejos.

Parece que alguien intento arreglarla sin ningún manual pensé en voz alta, y me acerque para ver más en detalle el entramado de cables y colores. El botón de encendido parpadeaba, tenía una luz roja tenue que titilaba incitando a tocarlo, como un guiño permisivo e hipnótico, tan funcional que olvidé el motivo del viaje y solo pensaba en apretar ese botón. Lo apreté. En un instante sentí que flotaba, que caía, que me expandía, que me ahogaba. Escuche los ruidos de electrones y protones chocando entre sí instantáneamente. Vi colores que conocía y otros que no, solos y todos juntos. Al volver a cierta normalidad, me aterré al ver la forma en la que había regresado. Convertido en una hormiga, una insignificante hormiga roja cuestionablemente inteligente. El horror siguió al notar que me encontraba parado junto a otras hormigas, en el brazo izquierdo de mi yo del pasado, momentos antes de ser aplastada.

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