Vistas de página en total

sábado, 25 de junio de 2022

Las crónicas de Cielo, Un Zorro escritor

Hace mucho tiempo, en lo que ahora se conoce como Los Bosques De Ezeiza, vivía un zorro llamado Cielo. Muy inteligente y pícaro como todos los zorros, se pasaba gran parte de los días escribiendo mucho, no perdía el tiempo cazando ya que había elegido el vegetarianismo como su fuente de nutrientes. Este conjunto de rarezas, al que se le suman el tener cuatro colas, ser extremadamente deductivo y sobre-analizarlo todo, exponían a Cielo a una rutina bastante solitaria. Los mundos que apreciaba en su imaginación, los que se transformaban en cuentos o novelas, eran los únicos lugares que Cielo visitaba.
Una mañana, a través de altos árboles y suelos repletos de insectos, Cielo se aventuró en busca de raíces y frutos, acompañado por el sonido del viento y algunos pájaros. Pero entonces una voz, pausada y misteriosa, se presentó en el verde bosque, susurrando. “No tengas miedo, soy amigable” se podía escuchar rebotando entre los árboles y la neblina. Cielo busco de donde venía la voz sin poder encontrar su fuente a simple vista, “Si me quieres encontrar, un acertijo tendrás que adivinar”. A pesar del temor y el desconcierto, el zorro de cuatro colas esperó la adivinanza, no pudo resistirse. “Soy rojo y a veces verde, me alimento del agua y los nutrientes de la tierra. Mi nombre se parece a un color, al color de la madera”. Cielo no tardó mucho en responder: ¡Morrón! grito mirando hacia arriba. De una de las ramas del árbol más alto, Cielo pudo distinguir dos grandes alas aplaudiendo, se trataba de un imponente búho de color verde brillante, el cual descendió con habilidad para encontrarse con Cielo. 

—Excelente, creía que no iba a encontrar a nadie en estos bosques, y resulta que me encontré una rápida respuesta —dijo el búho sacudiendo sus alas. 

—Hola, me llamo Cielo, me gusta mucho escribir y pensar. Vivo solo en este bosque. 

—Que interesante, ser un escritor solitario es un cliché tan estereotipado como equivoco… También aparecen preguntas: ¿Cómo aprendiste a leer y escribir? ¿Qué relaciones utilizas para pintar los paisajes de tus historias? 

Cielo se rasco su cabeza unos momentos y luego elaboro cierta respuesta a las preguntas de Fukurō. 

—Aprendí a leer y escribir contemplando estrellas y nubes. Ellas me susurran sobre mundos posibles, tan bastos que me permitieron crear esta historia, este gran bosque, a vos mismo y este preciso momento.


No hay comentarios:

Publicar un comentario

El ladrón de libros

    P or suerte la Casa de la Cultura me quedaba re cerca, mi mamá no me dio pelota, me anoto a lo que ella quiso. Llegue temprano al taller...