Una frase poco común
dice que mientras llueve los pájaros no cantan, se quedan en sus nidos
protegiendo a sus huevos o dándose calor entre ellos, que solo salen a cantar
próximo a la salida del sol, como un aviso de sequedad. Hoy es cuatro de
octubre, séptimo día de una lluvia que no para, por momentos se vuelve
torrencial y ventosa, por otros se vuelve delgada y fría, nunca se detiene.
El servicio
meteorológico de Buenos Aires no informa nada al respecto, esquiva el tema sin
dar indicio alguno, tal vez los más supersticiosos le crean a él, a ese gorrión
que incansablemente sale a cantar todas las tardes, desde el primer día de
lluvia se lo vio, en la rama más gruesa del árbol seco, de esos que se ven alrededor
de La Rotonda De Las Mujeres, que le dan a Canning un aire de melancolía que se
potencia con la lluvia de siete días.
No se sabe si el
pequeño gorrión adora las duchas, si canta de felicidad por amor a la lluvia,
si busca a alguien que no regresó. La única prueba, el único indicio es verlo,
día a día, entre las cuatro y las cinco de la tarde, cantando en la rama más
gruesa de un árbol seco.
Tal vez la pregunta más
sensata con respecto al gorrión, no tenga que ver por sus razones, sino por las
nuestras en saber las suyas, la curiosidad humana que racionaliza y estropea
los sinsentidos, el caos ordenado del que somos testigos. Llovió siete días
porque sí, y el gorrión canta en la rama del árbol más seco porque sí también.
La belleza de esta desordenada sucesión de acontecimientos simples pero
complejos, es probablemente una de las síntesis más claras de lo abstracto.
Y qué final más poético
se le puede dar a este cuadro vivo natural, cuando este día cuatro de octubre,
pasadas las cinco de la tarde no había ni rastros de nuestra pequeña ave en la
rama más gruesa del árbol seco de siempre. A eso de las cinco y cuarto, el
ruido de la lluvia comenzó a desaparecer, ases de sol empezaron a abrirse paso
por las ya muy delgadas nubes, dejándonos ver la espalda mojada del incansable
gorrión cantor, junto a un brote de muchos, de la rama más gruesa de su árbol.
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