Todavía recuerdo a mis 16 años de edad ya convertido en un asiduo lector de Doyle, leyendo “Casos apócrifos de Sherlock Holmes” cuando me choque por primera vez con el término “palacio mental”: consiste en un constructo metafísico, en el cual a través de maquinaciones neuroperceptivas, cualquier persona puede acceder a cada rincón del total de su memoria, convirtiéndose en una poderosa fuente de información. Algo que me pareció absolutamente fascinante.
Recuerdo haber comenzado casi inmediatamente a construir mi propio palacio, hay varias formas de empezar a organizarlo y ya constituido, se supone indestructible. “Mal de archivo” un libro del filósofo Jacques Derrida, describe al palacio mental como un potencial archivo, repleto de posibilidades en la infancia y un poco más arrebatado en la adultez. De este libro me interesa el concepto de posible destrucción, algo que según Holmes es imposible, claramente Sherlock no padecía el desgaste del conjunto de mandatos sociales que tienden a deteriorar o mal atiborrar los archivos de la mente. Mi palacio mental era casi tan grande como el shopping Los Nogales, tenía varios pisos en los que dividía información por momento etario, y dentro de cada piso, se subdividía por relevancia o interés. Hasta hace un par de meses, podía entrar y regocijarme de mis recuerdos, tanto académicos como ficticios, a veces una mezcla de ambos.
Compartía la idea indestructible de Sherlcok, hasta que algo (o alguien) comenzó a deshilachar todas las conexiones próximas a mi yo actual. Empecé a perder acceso a los estantes más cercanos, esos que en otros tiempos me refugiaron.
Las columnas se agrietaron con una debilidad propia de la física real, inconcebible en una estructura imaginaria donde el tiempo transcurre exageradamente distinto. No quedaba ninguna duda, mi palacio mental se desmoronaba, como si un agujero negro en forma de afecto estuviese comiendo archiveros completos de lecturas pasadas, de eso que estaba ahí supuestamente inofensivo. Y ahora, tengo como resultado un nuevo ideal de mi memoria: No es importante la cantidad de información a la que se puede acceder, importa como ésta te constituye.
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